La industria le da una mordida

al alimento de mascotas

Meter la mano a la bolsa, servir en el plato y listo. Comida rápida, limpia y cómoda. El alimento procesado para perros y gatos ahorra tiempo y esfuerzo, además de que persuade a los dueños de los animales de que los están alimentando de la mejor manera posible.

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“Nada más falso”, dice la activista Susana Carpio (Animales SOS), quien es pionera en Bolivia en la defensa de los animales y que advierte sobre el riesgo que esas croquetas (alimento seco) -sobre todo las muy baratas, las que se venden a granel, sin marca visible- representan para la salud de quienes siendo carnívoros terminan alimentados con soya.

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Negocio creciente

La inclusión de alimento rápido en la dieta de las mascotas crece y parece imparable. En el año 2000 no aparecía en el rubro de las importaciones bolivianas. La gente alimentaba a los animales caseros con sobras del plato de los humanos o con cocidos de harina amarilla y menudencias y hasta huesos de res o de pollo. No es que fuera la mejor alimentación en todos los casos, pero lo cierto es que la comida rápida no existía.

En 2005 aparece en el mercado nacional el alimento balanceado como importación por un volumen de 2.289.807 kilogramos brutos, representando el 0,28% sobre el volumen total importado.

Desde entonces, las compras –sin que se pueda calcular el ingreso de esa comida por contrabando- se han multiplicado exponencialmente, al grado de que en 2019  se habían centuplicado, pues representaron un volumen de 243.613.754 kilogramos brutos: el 6,88% del volumen total importado.

Lo bueno o lo malo de estos alimentos depende de su composición, afirma el veterinario Víctor Torres Medrano, para quien es muy importante que como consumidores se revise marcas, ingredientes, procedencia y manipulación del producto. Porque así como hay  croquetas superpremium, elaboradas bajo estándares exigentes y con proporciones equilibradas de proteínas, vitaminas, aceites omega y otros ingredientes que benefician a las mascotas según edad, tamaño, etc., hay productos cuasi artesanales que se venden a granel, sin ningún respaldo sanitario.

Susana Carpio considera que el tema de la composición es muy difícil de verificar. “En la bolsa te dicen que tiene sabor cordero, vaca, pollo, pero para elaborar la croqueta se ha expuesto la carne –si la usan, porque en realidad recurren a los desechos: grasas, huesos- a tal temperatura, que la proteína se ha chamuscado (quemado). Lo que sí usan “son demasiados carbohidratos que se convierten en azúcar, arroz y otros cereales que el estómago de los animales no procesa pues ellos no tienen la enzima para hacerlo”.

Cuestión de ingredientes

Ana Serrano, otra activista animalista (cabeza de APLAB Bolivia), considera que el alimento balanceado, si realmente cumple esta cualidad, es mucho mejor para los animales, pues no solamente los nutre, sino que además ofrece opciones para ayuda a tratar a animales obesos, con hígado graso, problemas renales y otros males que hoy son frecuentes por la vida sedentaria a que se obliga hoy a las mascotas.

Para Susana Carpio, el hecho de que más perros y gatos sufran por caries en los dientes, obesidad, hepatitis y otras enfermedades, es también consecuencia de esa comida rápida, gran parte de la cual “de balanceada no tiene nada”.

Procesadoras nacionales

Que el alimento procesado para perros y gatos es un negocio, lo demuestra no sólo el mencionado crecimiento de las importaciones, sino la presencia de elaboradoras locales.

La empresa avícola Sofía, una de las más grandes de Bolivia, ha incursionado en el rubro y en 2017 inauguró la planta procesadora PET.

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En el extremo negativo de la producción local se hallan emprendimientos como el de la procesadora Sami de la ciudad de El Alto, que vendía el producto Fortican. El Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (SENASAG) la clausuró luego de comprobar que las condiciones de elaboración generaban alimento contaminado, además de que los insumos eran huesos y otros desechos que se mantenían apilados sobre el piso de una habitación cualquiera.

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No son omnívoros

Los caninos y los felinos son carnívoros y no omnívoros, remarca Susana Carpio, quien cita a la experta estadounidense Karen Becker cuando dice que es algo que “la industria de alimentos procesados para mascotas ha querido hacernos creer de forma desesperada”.  Estrategia para vender alimento con  base de carnes, en el mejor de los casos, “pero cargado de granos, carbohidratos, almidones, ingredientes alergénicos, rellenos sin nutrientes, aditivos y conservadores, (que) no representan una nutrición apropiada para los perros”.

Sólo como ejemplo, ésta es la composición de un alimento para mascotas categoría premium que se puede leer en el envase:

Harina de vísceras de pollo, sub-producto de arroz, maíz*, gluten de maíz-60*, sub-producto de trigo, aceite de pollo, aceite de pescado, pulpa de remolacha, DL-metionina, fructo-oligosacáridos, manano-oligosacáridos, hidrolizado de hígado de cerdo, extracto de yucca, zeolita, vitaminas (A, D3, E, K3, B1, B2, B6, B12, C, biotina, niacina, ácido pantoténico, ácido fólico, cloruro de colina), cloruro de sodio, cloruro de potasio, sulfato ferroso, sulfato de cobre, sulfato de zinc, sulfato de manganeso, selenito de sodio, yodato de calcio, sulfato de cobalto, propionato de calcio, antioxidante [tocoferoles (mín. 0,0009%), B.H.A.- B.H.T.].

* Ingrediente transgénico. Especies donadoras del gén: Bacillus thuringiensis; Streptomyces viridochromogenes; Agrobacterium tumefaciens; Zea mays